Intercambiando vulnerabilidad

Acabo (al momento de escribir) de visitar una amiga española. Charlamos casi todo el tiempo en español, y aunque la entendí por gran parte, yo no pude hablar muy largo. Y después de dos horas juntas, sentía que mi energía había sido extraido, y apenas pude decir ni entender ni una palabra de castellano.

Recuperarse de una cirugía – ¡es más duro de lo que se piensa!

La historia de mi hombro es larga y triste pero acostumbro resumirla así: me lo disloqué por primera vez hace 11 años al caerme de una bicicleta en una senda rocosa y rural en pleno Cornwall, la región qué forma la punta suroeste del Reino Unido que tiene una sola sala de emergencias plagada de una congestión interminable; me herí la segunda vez festejando mi vigésimo primer cumpleaños danzando al estilo Vogue con demasiado entusiasmo, y desde entonces me lo he dislocado una decena de veces, en ocasiones haciendo cosas muy simples como bajarme del autobús.