Algo mono en la biblioteca

Ayer encontré algo muy mono en la biblioteca de mi ciudad. En un expositor había filas de libros empapelados como regalos, todos con etiquetas que llevaban el género y una cita del libro en cuestión.

El expositor

Había escrito en un paper abajo del expositor: “¡Brinque en la lectura! Simplemente escoja un libro y tráigalo al mostrador para prestarlo. Los ganadores afortunados encontrarán un billete azul dentro de uno de estos libros. Por favor cobre su premio en el mostrador principal.”

Lo de ‘brincar’ es un juego de palabras: “spring” en inglés significa “brincar” y también “primavero”, como es una oferta especial de la estación.

No fui a la biblioteca con intención solo de ojear, pero no pude renunciar a la oportunidad de ganar algo. ¡Y los libritos se veían tan espectaculares en sus envolturas!

La etiqueta que más despertó mi interés decía: Ficción – Mitología. “Cuándo nací, la palabra por lo que soy no existía.” Esa descripción me fascinó tal que tuve que traerlo hasta el mostrador de inmediato (realmente no, pero suena más drámatico así). El libro resultó ser Circe de Madeline Miller.

La biblioteca aquí es muy simpática, come puedes ver, pero pese a su popularidad y éxito, el año pasado el ayuntamiento quería cortarle los fondos. Felizmente, después de una protesta, dieron marcha atrás.

Pero muchas bibliotecas no tienen el mismo suerte. A lo largo del país, y en muchos lugares del mundo, las bibliotecas se ven sin recursos, tratadas como frivolidades en sociedades modernas y tecnológicamente avanzadas. Sin embargo, proveen servicios y espacios esenciales para gente sin hogar, madres indigentes, recién salidos de la cárcel, y todos que quieren leer más que pueden pagar. Yo personalmente no puedo justificarme comprar libros físicos en lugar de electrónicos, y la biblioteca me permite gozar el papel real.

Y eso es sin hablar de la gente que trabaja en las bibliotecas. Otro día buscaba unos libros de una cierta serie, y la bibliotecaria me dijo, “Muéstrame la portada.” Nada más mostrado, ella lo descubrió y añadió: “Tengo una memoria fotográfica.” ¡Qué habilidad más perfecta y apropiada para el puesto! Y imagínate si tendría que trabajar en una oficina haciendo papeleo.

Espero que prospere muy largo mi biblioteca local, y que haya muchos más ofertas en las que puedo brincar. Las bibliotecas todos tenemos que protegerlas, y aconsejo que, si ya no lo has heco, aproveches de tu local ahora.

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