Recuperarse de una cirugía – ¡es más duro de lo que se piensa!

La historia de mi hombro es larga y triste pero acostumbro resumirla así: me lo disloqué por primera vez hace 11 años al caerme de una bicicleta en una senda rocosa y rural en pleno Cornwall, la región qué forma la punta suroeste del Reino Unido que tiene una sola sala de emergencias plagada de una congestión interminable; me herí la segunda vez festejando mi vigésimo primer cumpleaños danzando al estilo Vogue con demasiado entusiasmo, y desde entonces me lo he dislocado una decena de veces, en ocasiones haciendo cosas muy simples como bajarme del autobús.